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El hilo conector

Empecé con la macrobiótica por la sensación de unidad que me proporcionaba. 
 
Tras una sopa, un cuenco de arroz integral y unas verduras salteadas, sentía una paz especial. Esa paz podríamos explicarla desde muy diversas perspectivas, el caso es que hasta que no comí de esa manera, no la experimenté con tal intensidad. 
 
Esa misma paz es la que está detrás de recuperaciones milagrosas, ayudadas por una dieta de corte macrobiótico. Es la misma paz que mejora el estado de ánimo, que devuelve la claridad mental o el sentido de dirección en la vida. 
 
Esa paz es la experiencia subjetiva y personal de un fenómeno a gran escala: el orden del universo.
 
Si pensamos en cualquier animal, es fácil deducir que en su hábitat natural se sentirá mejor.
 
Si pensamos en nosotros, los seres humanos, la cosa es algo más complicada, ¿o acaso no ha sido natural llegar hasta la era tecnológica?
 
No tenemos por qué negar nuestra capacidad de independizarnos de la naturaleza, pero hacerlo de forma permanente y sistemática empeorará nuestra experiencia a largo plazo. Nunca dejamos de ser naturaleza. Debemos de mantener un hilo que nos conecte con ese orden.
 
Ese hilo, por qué no, podría ser lo que comes.
 
 
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Gachas de copos de avena

Una de mis primeras incursiones en la comida saludable fueron los copos de avena. 
 
La dieta sana tiene mucho de anglosajón. Aunque nuestros nutricionistas ya eran conscientes de la relación dieta-salud, las fuentes de información anglosajonas tenían más eco. Fue así como me llegó la recomendación de tomar copos de avena. 
 
En el mundo anglosajón, con otro clima,  la avena es común y saben cómo comerla. 
 
En el mundo lantino, más cálido, no sabemos mucho de avena. Tendría unos 14 años, compré una bolsa de copos y los tomé con leche para desayunar. Eran difíciles de comer, secos, como comer papel gordo. Pero mi afán de comer saludable hizo que me mantuviese en mi práctica. 
 
Muchos años después me doy cuenta de mi imprudencia. Los copos hay que cocinarlos o, al menos, ponerlos a remojo durante la noche. 
 
Para comer unas gachas de avena en condiciones, y evitar así la experiencia de comer-papel-gordo, puedes seguir las instrucciones del vídeo. Es lo básico, lo que no debes ignorar. 
 

 
La receta del vídeo es la receta básica: copos, agua y sal. Puedes enriquecerla añadiendo bebida vegetal casi al final de la cocción. Puedes añadir dátiles, uvas pasas o ciruelas pasas, canela, anís u otras especias que te gusten. Puedes acompañar las gachas con unos frutos secos y un poco de fruta fresca, como en la imagen final del vídeo. Puedes endulzarla con melaza de arroz o de cebada, incluso añadirle crema de almendras para quien necesite más calorías. Con media taza (125 ml) tendrás suficiente para 1 ración. 
 
Los copos de avena nos ofrecen una forma sencilla, más rápida, de tener gachas para desayunar. 
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Arroz integral con shitake seca

La seta shitake empieza a ser familiar para los que vivimos en la cultura mediterránea. Aunque de nombre japonés, es posible encontrarla en supermercados de nuestro alrededor. 
 
La podemos encontrar fresca, en bandejas, donde los champiñones y otras setas. Sin embargo, en esta ocasión, la necesitamos seca y por ello tenemos que recurrir a una herboristería o tienda dietética especializada.  Puedes ver más sobre su diferencia en Instagram
 
La seta seca adquiere un olor fuerte, que se transmite después a los caldos donde se hierve. 
 
En macrobiótica se usa en varios remedios macrobióticos (ver Remedios macrobióticos) y también en varias recetas. 
 
Advierto que la seta shitake puede gustar mucho, o nada en absoluto, debido a su fuerte olor/sabor. 
 
A continuación te describo una receta sencilla donde puedes empezar a utilizarla. 
 
RECETA DEL ARROZ INTEGRAL CON SHITAKE SECA
(3-4 personas; como guarnición)

Por la noche, pon a remojo 1 taza de arroz (1 taza=240 ml) y 1 ó 2 setas shitake, cada cosa por separado. 
 
Al día siguiente, arranca el pedúnculo de las setas como se muestra en el vídeo. 
 
Añade el arroz a la olla. A continuación las setas ya partidas. El agua: 1 taza + 1/4 de taza (300 ml en total), donde queda incluida el agua del remojo de las setas. Añade una pizca de sal. Cierra y cocina como haces con el arroz integral; unos 45 minutos a presión medio-baja. 
 
Notarás que a medida que el arroz se cocina, surge un olor a shitake. La shitake le dará un gusto intenso al arroz, que puedes combinar con otros platos basados en verduras, pescado o legumbres. 
 

NOTAS
[1]  Kushi, A. y Esko, W. (1997). The Complete Whole  Grain Cookbook. Tokyo y New York: Japan Publications, Inc. P. 45.
[2] Puedes encontrarte la palabra shitake escrita de diferentes formas: shitake, shiitake o shitaque. Todas se refieren al mismo tipo de seta. Todavía la RAE no se ha pronunciado sobre la forma correcta de escribirla. 
[3] En Desempaquetados macrobióticos encontrarás un vídeo sobre la seta shitake seca. 
 
 
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Comida: nutrientes y algo más

Bien es conocida la asociación de la macrobiótica con enseñanzas orientales. Esta asociación se debe a sus orígenes. 
 
El médico japonés Sagen Isizuka puede considerarse el principio de la macrobiótica. Tras él, Yukiko Sakurazawa (G. Ohsawa) y Michio Kushi. Ellos eran japoneses, y en su base cultural se asentaba una forma diferente de ver el mundo. 
 
La meditación viene del mismo sitio. En Occidente antes no se entendía, ahora empieza a entenderse. En Occidente no se entiende que la comida pueda tener un significado trascendental, más allá de su bioquímica. Confío en que en un futuro le demos una oportunidad a esta perspectiva. 
 
¿Existen cualidades de los alimentos más allá de sus componentes nutricionales? ¿Somos capaces de recibir tales cualidades? ¿Se notan sus efectos? 
 
La tesis de Steve Gagné, ahondando en la forma de ver el mundo Oriental, constituye una respuesta afirmativa a todas esas preguntas. 
 
Cada alimento tiene una personalidad con muchos rasgos. Uno de estos rasgos es su composición nutricional (cantidad de proteínas, grasas, hidratos, vitaminas, minerales,…), pero existen muchos otros rasgos que aún no se tienen presentes a la hora de formular una dieta. 
 
Gagné nos dice que, aparte de los nutrientes (rasgo más utilizado en dietética y nutrición), existen más rasgos que son importantes: 
 
  • La velocidad de crecimiento: rápido o lento
  • La dirección de crecimiento: hacia fuera/dentro, hacia arriba/abajo
  • El ritmo de crecimiento: regular o irregular
  • Temperamento: medido en términos de húmedo/seco y de caliente/templado/frío/helado.
 
¿Has notado esas otras dimensiones de los alimentos cuando comes? ¿Recuerdas algún evento donde sí lo notaste?
 
Suma tu experiencia al post y  escríbelo en comentarios. 
 

NOTAS
 
[1] Gagné, S. (1990). Food Energetics: The Spiritual, Emotional, and Nutritional Power of What We Eat (3ª edic. 2008). Rochester, Vermont: Healing Arts Press. 
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Gachas de arroz integral con trigo

El trigo es el cereal mediterráneo por excelencia. En los libros de historia de la alimentación se nombra la tríada mediterránea. 
 
¿Sabes qué alimentos la componen?
 
Piensa… Están en esta sopa de letras. 
 
 
Por su dificultad para digerir en forma de grano, nuestros ancestros encontraron formas diferentes de consumir el trigo. Por ello surgió el pan, el bulgur, el cuscús y la pasta. 
 
El trigo podemos usarlo para las gachas. De esta forma, bien cocido, con suficiente agua y mezclado con otro cereal como el arroz, sentará excelentemente. 
 
RECETA DE GACHAS DE ARROZ INTEGRAL CON TRIGO
(4-5 personas)
 
Para preparar las gachas de arroz integral y trigo necesitarás:
  • 1 taza de arroz integral (1 taza = 240 ml)
  • 1/4 de taza (60 ml) de trigo
  • 5 vasos de agua
  • Una pizca de sal (1/2 cuchradita)
La noche anterior lava el arroz y el trigo y pon ambos a remojo. Al día siguiente coloca los cereales en una olla a presión. Vierte en ella 5 tazas de agua (1,2 litros) y 1/2 cucharadita de sal. 
 
Ponlo a hervir, retira la espuma que se forme al calentarse el agua. Cierra la olla y cocina a presión media-baja durante 1 hora. Al apagar el fuego deja que la presión baje de forma natural. Abre y sirve. 

Este es el resultado final de la receta. Personaliza tu ración; adereza con semillas de girasol o calabaza y un poco de perejil.
 

NOTAS
 
[1] Aveline Kushi A. y  Esko W. (1991). The Good Morning Macrobiotic Breakfast Book. New York: Avery Publishing Group Inc. (p. 75). 
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