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Macrobiótica vs Nutrición, o el efecto MasterChef

Masterchef y criticas a la macrobiotica

Hace varias semanas, uno de los capítulos del famosísimo programa de televisión MasterChef, se emitió desde el  Sha Wellness Clinic, clínica de bienestar que utiliza la alimentación macrobiótica como uno de sus pilares para el cuidado de la salud.

En el programa se describió de forma muy breve qué era la dieta macrobiótica. Durante la explicación, Lidia Folgar, una de las concursantes y nutricionista, criticó la falta de rigor científico de la dieta. A raíz de esos comentarios, un aluvión de críticas a la dieta macrobiótica surgió en diferentes medios. ¿De dónde salen todas esas críticas? ¿Quién las escribe? ¿En qué se basan?

En las siguientes líneas intentaré aportar algo de luz sobre el asunto.

En mi opinión esto fue lo que pasó:

1. Emiten el programa, con la breve explicación sobre macrobiótica más la crítica de la concursante.

2.  El colectivo de nutricionistas respalda a la consursante con comentarios en redes sociales, artículos en páginas webs/blogs, y entrevistas en medios de comunicación.

3. Los nutricionistas, como expertos en dietas que son, tienen que mostrar una opinión al respecto. No van a profundizar en la macrobiótica, no tienen tiempo; las entrevistas o los comentarios son de hoy para mañana. Entonces, realizan una investigación “exprés” sobre macrobiótica, principalmente recurriendo a un texto elaborado por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid  que habla de las Dietas mágicas.

4. Se crea una opinión acerca de la macrobiótica en función de los artículos escritos y las entrevistas realizadas.

De esta secuencia se desprenden varios temas que me dispongo a comentar en 6 puntos:

AUTOCRÍTICA

Comentan que la macrobiótica puede provocar carencias nutricionales (vitaminas, minerales, proteínas, etc.) siendo así peligrosa para la salud. Desde mi experiencia, como estudiante y profesor de macrobiótica, afirmo que tienen razón. Esto puede ocurrir y de hecho, no sería el primer consultor macrobiótico en admitirlo.

Verne Varona, John Kozinski o Montse Bradford son sólo algunos ejemplos de consultores relacionados con la macrobiótica que han reconocido, en un momento u otro de su carrera, las carencias nutricionales que podría suponer la dieta macrobiótica.

Yo mismo he escrito sobre ello en posts como:

A pesar de la macrobiótica come proteínas

Comer muchos cereales no es macrobiótica

La macrobiótica también necesita cambios

¿QUÉ ES LA MACROBIÓTICA?

En este punto es importante saber qué es la macrobiótica, porque, evidentemente, si consultores como John Kozinski han criticado la macrobiótica y han seguido desempeñando su función como consultor macrobiótico, es porque han podido diferenciar varios tipos de macrobiótica.

La macrobiótica que se crítica es la macrobiótica estricta, la macrobiótica que recomienda comer mucho arroz integral, nada de carne o huevos, pescado 2 veces al mes, y casi nada de agua.

La macrobiótica que se defiende, la macrobiótica moderna, es aquella que hace referencia a las costumbres de los pueblos antiguos, que consumían una dieta basada en cereales, verduras, legumbres, semillas y frutos secos, productos animales criados naturalmente y productos procesados artesanalmente como los encurtidos. Todo respetando en ritmo de las estaciones e incluso las diferencias en sexo, edad o tipos de trabajo.

En mi opinión, la macrobiótica tradicional (versión estricta) sirvió para que estudiantes y posteriormente consultores de macrobiótica construyesen los fundamentos de una macrobiótica moderna, carente de las carencias de las primeras versiones y con efectos positivos en la salud.

COMPETENCIA PROFESIONAL

Ambos profesionales, nutricionistas y consultores macrobióticos, recomiendan qué comer; eso lleva de forma casi inmediata a un conflicto de intereses.

En la sociedad actual se tiende a un solo profesional para una misma tarea. Si tienen que haber médicos que sea siempre el mismo tipo de médicos, si tienen que haber personas que asesoren sobre la alimentación que sea siempre el mismo tipo de personas,… Es la herencia romana de un mismo jefe de estado (el Emperador) y un mismo dios (Cristianismo). Se mira con recelo al “otro”. Sólo tenemos que preguntar cuál es la opinión de los médicos sobre las medicinas alternativas. Aún así, muchas personas en nuestros días buscan las medicinas alternativas, no para sustituir a las primeras, sino para obtener una visión más completa de la realidad y así tener más herramientas para cambiarla.

Macrobiótica y  nutrición están ahí para recomendar a la gente qué comer y ambos pueden decirle al paciente argumentos en contra del “otro bando”. A lo largo de mi carrera me he encontrado personas que no han solucionado sus problemas con la nutrición y sí con la macrobiótica. Pero también he encontrado los casos opuestos, que la macrobiótica no les funcionó pero sí la nutrición. ¿Quién soy yo para negar esa realidad? El hecho de reconocerla creo que me hace más útil para mis pacientes.

ELLOS NO HAN ESTADO ALLÍ

Los nutricionistas a los que se ha preguntado acerca de la macrobiótica, o aquellos que han escrito sobre ella en sus blogs, no han estado allí, sólo han leído una veintena de líneas acerca de la macrobiótica. Durante varios años recorrí varias escuelas, realicé multitud de talleres… España, Francia, Estados Unidos, Holanda… Ellos no estuvieron conmigo. No saben que:

  • La mayor parte de las escuelas se aleja de esas primeras versiones espartanas de la macrobiótica. Puedes viajar por medio mundo, de escuela en escuela, y no oír ni una sola palabra del sistema de dietas macrobiótica que va desde -3 a 7, argumento que se utiliza en la mayoría de las críticas.
  • Se centran en las recomendaciones de la dieta macrobiótica estándar enriqueciéndola con aportes provenientes de  la nutrición y de las costumbres de los pueblos antiguos.
  • Se realizan ajustes constantes por adaptarse al ritmo de vida moderno.
  • Puede recomendarse tomar pescado todos los días, o carne 1 ó 2 veces a la semana, o huevos biológicos, dependiendo del estado de la persona.
  • Que se sirven postres y se cuida el que la dieta también guste.
  • Que se complementa con la enseñanza de otras actividades también importantes para la salud como el ejercicio físico, el contacto con la naturaleza o la meditación.

¿YIN-YANG? ¿DE QUÉ VA ESO?

Existen multitud de formas de conocer la realidad. Un sistema de conocimiento tan antiguo como la Medicina China no ha salido de la imaginación de la gente, al igual que el conocimiento sobre los nutrientes no es ninguna historieta.

El Yin-Yang supone una ayuda que nos puede guiar para saber qué alimentos pueden ser los más recomendados en situaciones concretas, al igual que lo puede hacer la clasificación de los alimentos según su PH (alcalinidad-acidez) o su contenido en una vitamina particular. Para entender estas clasificaciones y poder usarlas en nuestra práctica profesional,  tenemos  que estar entrenados/educados sobre ello.

Muchas veces, y para entenderlo mejor, se sustituye Yin-Yang por Contractivo-Expansivo. Existen unos alimentos que tienden a contraer tu energía mientras otros la expanden. Por ese motivo, el azúcar te relaja, y la carne/huevos/pescado te permite combatir el invierno o compensar la actividad física intensa. La ciencia comprueba esos mismo efectos, pero da otra explicación. Puedes escoger la más acorde con tu formación o incluso contemplar las dos al mismo tiempo.

EL PORQUÉ DE LA FALTA DE RIGOR CIENTÍFICO

Ningún científico se ha ocupado de: 1) Definir lo que es la dieta macrobiótica, es decir, hacerla operativa, 2) Diseñar el método experimental (experimento), 3) Comprobar los resultados y 4) Concluir si es eficaz para X (perder peso, mejorar la calidad de vida del enfermo de cáncer, aumentar la energía, etc.). Esa es una de las razones de la falta de su rigor científico, así como todo lo que no se ha estudiado todavía, lo cual no quiere decir que no sirva.

Por otro lado, sí que encontramos estudios científicos que muestran beneficios para nuestra salud derivados del consumo de cereales integrales en grano, legumbres, verduras, algas, setas y otros muchos alimentos que se recomiendan en la macrobiótica. Del mismo modo, encontramos estudios científicos que refieren los efectos negativos del consumo de azúcar, harinas refinadas o diferentes aditivos en la dieta; alimentos que no se recomiendan la macrobiótica.

Conforme vayamos progresando en el conocimiento, creo que las diferencias entre la nutrición y la macrobiótica deberían disminuir, porque el objetivo de ambas disciplinas es mejorar la salud de las personas a través de su alimentación.  No estoy aquí para defender ninguna religión, dentro o fuera de la ciencia, sino para crear herramientas útiles que ayuden a la gente. Escucho lo que la nutrición tiene que decirme, estaría loco si no lo hiciera. Pero también he de decir con humildad que, muchas personas en consulta han mejorado con la macrobiótica, a veces por dejar de consumir solanáceas,  lácteos o verduras crudas, a veces por introducir en su dieta cereales integrales en grano o más verduras en vez de productos elaborados con harinas o platos precocinados.

Blogs/Webs donde aparecen críticas a la macrobiótica a raíz de su aparición en MasterChef:

 

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La fórmula macrobiótica para perder peso

macrobiotica perder peso
¿Cuál es la fórmula macrobiótica para perder peso?

A veces logramos perder peso con solo apartar de la dieta los productos refinados, lácteos y dulces, pero otras veces es necesario ir más allá de lo obvio. En la entrada Un Método para perder peso con macrobiótica veíamos como utilizar modelos avanzados dentro del marco de la macrobiótica para conseguir la ansiada pérdida de peso. Hoy seguimos ampliando la información para saber qué hacer si queremos perder peso.

Edward Esko, consultor macrobiótico y uno de mis profesores en el Instituto Kushi, solía decir que para confeccionar una dieta macrobiótica teníamos que tener en cuenta qué alimentos quitar y qué alimentos poner. Yo lo formulo de la siguiente manera:

Dieta Macrobiótica = [- / +] A

Lo que significa que para llevar a cabo una alimentación macrobiótica hemos de reducir o evitar ciertos alimentos (-) y al mismo tiempo hemos de añadir otros (+). Finalmente hemos de realizar unos ajustes (A) en función del objetivo que queramos conseguir con esa dieta.

ALIMENTOS A REDUCIR PARA PERDER PESO (-)

Los alimentos que hemos de evitar si pretendemos perder peso son:

  • Grasas saturadas por su alto contenido en calorías y su efecto perjudicial para la salud, contribuyendo a aumentar los valores de colesterol y triglicéridos. Las encontramos en carnes, margarina, bollería, embutidos, queso y otros productos lácteos.
  • Proteínas de origen animal. Por su contenido en grasas saturadas (aunque no la veamos un filete de ternera o cerdo lleva una cantidad importante de grasa) y por su energía concentrada (o Yang) que nos lleva a tener más apetito por vino/cerveza o dulces.
  • Productos de pastelería y azúcares refinados. Nos aportan calorías vacías, nos “roban” minerales y acidifican el organismo; un cóctel anti-salud.
  • Exceso de aceite, tanto crudo como cocinado. Para una dieta de adelgazamiento no hemos de pasarnos con el aceite. Alrededor de 2 cucharadas es lo aconsejado para tener sus beneficios pero sin pasarnos de calorías.
  • Snacks salados y sal cruda en la comida. El consumo de patatas fritas, crackers, palitos de pan, etc. nos llevan a querer beber algún refresco, o más tarde sentiremos ganas por un dulce. Lo mismo sucede si añadimos sal directamente a la comida.
  • Dietas estrictas con mucho cereal y condimentos salados. Este punto hace referencia a un tipo de macrobiótica más estricta, surgida en los años 60-70 donde algunas comunidades macrobióticas defendían un dieta cargada de cereales y condimentos japoneses la mayor parte salados. El exceso de cereal y la deficiencia en el consumo de proteínas es algo que trato en la entrada Comer muchos cereales no es macrobiótica.
  • Platos pesados y fritos. El exceso de calorías y la pesadez que sentiremos tras comerlos nos van a hacer más difícil perder peso, por ello se recomiendan otros métodos de cocinado como veremos en el siguiente apartado.

ALIMENTOS A INCREMENTAR PARA PERDER PESO (+)

Si queremos perder peso de una manera sana es importante aumentar el consumo de los siguientes alimentos:

  • Verduras frescas, ligeramente escaldadas, hervidas y al vapor. Sobre todo en invierno aconsejamos el consumo de verduras cocinadas. No tienen porque estár demasiado hervidas, de hecho de esta forma perderíamos sus propiedades. Algunas ideas: brocoli al vapor (5 minutos), acelgas salteadas con una cucharadita de aceite (5 minutos), palitos de zanahoria escaldados (2 minutos). También puede funcionar el método Nishime (si no sabes lo que es pincha en Alternativa macrobiótica al hervido).
  • Variedad de ensaladas crudas y frutas de la estación. Las ensaladas las recomendamos con más frecuencia en verano, ya que la verdura cruda enfría mucho el organismo. Mejor en la comida que en la noche, ya ya que por la noche irritan más el sistema digestivo y pueden causar gases e hinchazón.  Elige frutas de estación y evita las tropicales que tienen una gran cantidad de azúcar. Dos frutas al día entre comidas es una buena dosis.
  • Proteínas vegetales. Para compensar la reducción en el consumo de proteínas animales puedes introducir en tu dieta proteínas de origen vegetal como legumbres (lentejas, garbanzos, alubias, adzuki, etc), tofu, seitán, tempeh y hummus.

ALIMENTOS DEPURATIVOS QUE AYUDAN A LA REDUCCIÓN DE PESO (A)

En el caso de querer perder peso los siguientes ajustes van a contribuir de forma positiva:

  • Rabanitos. Los puedes añadir en láminas en las ensaladas. Si no te gusta su toque picante puedes sumergirlos en agua hirviendo durante 2 minutos.
  • Nabos y/ daikon. De la misma familia que los rabanitos ayudan a disolver las grasas y depurar de una forma más eficaz. Rallado en ensalada o hervido son dos formas agradables de tomarlo.
  • Champiñones. En realidad cualquier tipo de seta es adecuado para perder peso, por su alto contenido en nutrientes y bajo contenido en calorías. De paso ayudarás a tu sistema inmune, que aumenta con el consumo de estas.
  • El jengibre fresco mejora el metabolismo y la digestión. Se puede tomar en forma de infusión o añadir a diferentes platos.
  • Aderezos como el cebollino, el cilantro fresco o el perejil darán un sabor más intenso a nuestros platos.
  • Aliños para verduras y ensaladas. Utiliza el agua para no tener que utilizar tanto aceite. Por ejemplo, pon en un vaso: 1 cucharada de aceite, 1 cucharada de agua, 1/2 cucharada de vinagre de umeboshi y 1/2 cucharada de limón. Mezcla y añade a la verdura.
  • Algas. Su contenido en yodo contribuirá a aumentar el metabolismo, lo cual es algo que favorecerá la pérdida de peso. Nos aportan minerales y ayudan a depurar el organismo. Prueba el alga wakame o dulse, en ensaladas o en sopas, y también nos aseguraremos de que a nuestra dieta macrobiótica no le faltan minerales.

Fuentes: Se consulta el libro de Montse Bradford titulado La Nueva Cocina Energética, cuyas líneas han servido de guía y fuente de inspiración para lo redactado en esta entrada.

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¿Funciona o no la macrobiótica?

La pregunta lógica después de entender qué es la macrobiótica es si funciona o no. ¿Y por qué? Porque gran parte de nuestra conducta la empleamos en buscar soluciones para nuestros problemas. Independientemente de que entendamos o no las causas, si estamos enfermos queremos estar sanos.

MI EXPERIENCIA

Hace ya 3 años que volví de mi viaje por EEUU, Inglaterra y Holanda, donde me formé, profundicé y experimenté en qué consistía la macrobióitca. En estos 3 años me he dado cuenta de lo siguiente:

Los meses en los que seguí únicamente una alimentación macrobiótica (18 meses) no tuve tos, ni una sola señal. No tuve granos, ni uno solo. No me puse enfermo, ni un sólo día con fiebre. No tuve mocos. No tuve fuertes apetitos por un alimento concreto…  A mi vuelta, y a medida que ingresé en el estilo de alimentación convencional, aparecieron:

  • Algún que otro grano, siempre en las mismas zonas de la cara
  • Apetitos fuertes por un dulce después de una comida, agua fresca o alimentos salados
  • Fiebre leve durante uno o dos días
  • Tos, entre 2-3 semanas con ella
  • Mocos con los que el cuerpo parece estar queriendo deshacerse de algo

Hay gente que podría atribuir todos esos signos y síntomas a causas diferentes a las de la dieta, pero no es lo que me dice mi intuición. Cuando uno está varios meses con una alimentación muy específica y vuelve a incluir alimentos de otro tipo, se da cuenta en seguida de los efectos del nuevo alimento en su salud.  De la misma manera que es imposible conocer tu propia cultura si no conoces otra, es imposible conocer los efectos de tu propia alimentación hasta que no estas un período de tiempo más o menos prolongado llevando otro tipo de alimentación.

Voy a ser honesto y mostrar tanto los pros como los contras de una dieta macrobiótica. Desde mi punto de vista también hubieron puntos positivos al volver a introducir alimentos poco saludables, pero habituales en nuestra cultura:

  • Aumenté de peso, con lo cual mejoré mi imagen ya que soy una persona muy delgada.
  • Sentí más energía al practicar ejercicio físico intenso (correr, musculación, natación).
  • Me sentí más integrado con mis amigos, porque empecé a compartir más momentos con ellos donde la comida es una parte importante.
  • Me divertí más, pues había más variedad donde elegir… lo típicamente macrobiótico (cereales, legumbres, etc.) más todo lo demás.
  • Ya no tuve tanto frío en invierno, pues cuando estaba muy delgado con una pequeña brisa sentía frío, eso sí, nunca me puse malo, ¿extraño no?

Mi experiencia me dice que SÍ existe una diferencia entre comer o no comer de forma macrobiótica. Que SÍ funciona si vamos buscando salud. Aún así hay elementos positivos y negativos, como los que he nombrado más arriba, pero conociéndolos podemos realizar ajustes para aumentar los primeros y minimizar los segundos. Mi consejo si estás interesado en la alimentación macrobiótica sería este:

Introduce un pequeño cambio en tu alimentación, algo especifico, comprueba como respondes a él. Puedes elegir entre los siguientes:

  • Eliminar la leche y los lácteos
  • Desayunar cereales integrales: arroz integral, mijo, avena
  • Cenar muy ligero
  • Eliminar el azúcar y los productos refinados
  • Comer diariamente una ración de verduras escalfadas: acelgas, zanahorias, espinacas, brocoli…

 

OTROS TESTIMONIOS

Existen cientos de testimonios de personas a las que les fue bien cambiar su comida y seguir las recomendaciones de la macrobiótica. Existen casos de recuperaciones de enfermedades específicas, en muchos casos, esas personas se han dedicado posteriormente a ser consultores macrobióticos. Tenemos el caso de Mina Dobic, que se recuperó de un cáncer de ovario, y de Virginia Harper, que se recuperó de la enfermdad de Crohn (ver su libro en la sección “Libros” del blog). El ejemplo de otro caso de recuperación del cáncer con la ayuda de la alimentación macrobiótica se puede leer en el post: Testimonio sobre cáncer de estómago y macrobiótica.

A veces la mejora de salud a consecuencia de un cambio de alimentación no va unido a la palabra macrobiótica. El cuerpo no sabe de conceptos ni palabras. Le da lo mismo que a comer bien le llamemos macrobiótica, dieta basada en plantas o cualquier otra palabra. El cuerpo responde positivamente a una alimentación que re-conoce, y que le facilita las cosas en vez de complicárselas.

Recuperarse de varias dolencias sin oir hablar de la macrobiótica ha sido el caso de Vani Hari, la creadora de Food Babe, una página web que denuncia los ingredientes perjudiales que se incluyen en nuestra comida y que en muchos casos nos roba nuestra salud. A la edad de 22 años Vani Hari era una joven en busca de éxito, pero en unos pocos meses engordó entre 11 y 13 kilos, le tuvieron que operar de apendicitis, le aparecieron algunos eczemas en la piel y padecía de asma… llegó a tomarse 21 medicamentos en un mismo día. Las enfermedades le pararon en seco y se vio obligada a buscar una solución. Convencida de que la causa de sus males residía en la comida, comenzó a investigar.

Vani Hari y macrobiotica
Vani Hari nos ayuda a comer de forma macrobiótica al investigar qué hay en la comida que nos pone enfermos.

 

¿Qué había en la comida que podía ponerla enferma? ¿Cómo podía curar su cuerpo de forma natural? Como resultado de sus descubrimientos aplicó cambios en su dieta que la llevaron a recuperar la salud. Más tarde, las continuas peticiones de familiares y amigos acerca de qué hizo para estar sana y reluciente, la llevaron a crear la página web Food Babe.

En una entrevista reciente  afirmaba que los doctores tapan los síntomas, ignorando las causas, lo que alarga la enfermedad que se tapa temporalmente pero acaba apareciendo de nuevo con mucha más fuerza. Mucha gente lo sabe pero no hace nada hasta que llega la enfermedad. Ahora, a sus 30,  afirma tener más energía que en sus 20.

Los testimonios de recuperaciones son numerosos y mi experiencia lo corrobora pero eso no quiere decir que funcione el 100% de los casos. Conocí a gente que a pesar de llevar una dieta macrobiótica no superó enfermedades, ¿Tenemos que dejarnos llevar por esos casos o por los casos donde la recuperación fue una realidad? Es decisión de cada uno de nosotros.

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¿Qué diría George Ohsawa de un dulce de Navidad?

Ohsawa y macrobiótica
George Ohsawa                                                  Principal difusor de la macrobiótica en el siglo XX

La alimentación macrobiótica se caracteriza por evitar  el consumo de algunos alimentos, como por ejemplo:

  • Las carnes, especialmente las rojas
  • La leche y los productos lácteos
  • El azúcar y alimentos que la contengan

¿Por qué no tomarlos?

Porque todos estos alimentos pertenecen a un extremo u otro del continuo energético yin-yang, o lo que es lo mismo, energía expansiva-energía contractiva. Comer habitualmente alimentos extremos lleva, tarde o temprano, a desequilibrios que pueden manifestarse a través de nuestro cuerpo o nuestra mente. Además de este motivo encontramos otros adicionales:

CARNE

El consumo habitual de carne se relaciona con enfermedades como el cáncer y los accidentes cardio-vasculares. Contiene gran cantidad de sustancias químicas añadidas para su conservación: nitritos, nitratos y sulfitos. Producción de ácido úrico, cuya presencia se relaciona con dolencias como la artritis, la neuritis y la gota. Genera sustancias tóxicas que pasan a la sangre a medida que permanecen en nuestros intestinos. Post que relaciona el consumo regular de carne con una vida más corta: Menos carne y más vida con macrobiótica.

LECHE Y PRODUCTOS LÁCTEOS

La leche y los alimentos lácteos contienen sustancias químicas derivadas de los medicamentos y hormonas suministradas a los animales, cuyas condiciones en las que viven a menudo son penosas. Es un alimento “diseñado” para otra especie, con una proporción de nutrientes no conveniente para los humanos. Algunas de sus sustancias provocan cada vez más alergias e intolerancias entre la población mundial, por ejemplo, la  caseína y lactosa (para ampliar ver: Macrobiótica sin leche)

AZÚCAR

Y el azúcar tiene una falta absoluta de nutrientes, por ello se dice que los alimentos que la contienen son “calorías vacías”.  Tiene un efecto acidificante en el organismo y nos roba los minerales necesarios para otras funciones vitales del organismo. Su consumo habitual se relaciona con el cáncer, la diabetes y la obesidad. Para más información ir a los posts: Por qué NO-azúcar en macrobiótica y Supera la adicción al azúcar con macrobiótica.

Todos estos datos nos pueden hacer pensar que la persona macrobiótica perfecta evitaría completamente el consumo de azúcar, leche, carne y otros “alimentos prohibidos”, lo que nos puede llevar a un sentimiento de culpa si en algún momento nos damos un “gusto”. ¿Pero es eso verdad? ¿Qué diría Geroge Ohsawa, principal difusor de la macrobiótica en el siglo XX, al vernos tomar un dulce?

Para dar respuesta a esta pregunta os transcribiré un fragmento dictado por Michio Kushi en 1974,  una auténtica pieza de museo:

ESTUDIANTE: ¿Podemos trasnformar la comida de mala calidad?

MICHIO: Si comemos una pequeña cantidad, sí. Si masticamos muy bien, sí. Incluso chocolate o helado, si lo masticamos muy bien y sólo comes una pequeña cantidad, de vez en cuando… entonces está bien.

A menudo George Ohsawa, después de sus clases, acudía a una cafetería… Él y yo [Michio Kushi] nos sentabamos juntos. Yo nunca pedía primero. Esperaba para ver qué pedía él. Él pedía, por ejemplo, tarta de queso. Entonces, yo pedía tarta de queso. Era una manera de evitar su ataque. Entonces él empezaba a comer con una gran sonrisa, comentando lo buena que estaba la tarta. Y me miraba y decía: “Michio, estás comiendo demasiado yin”.  Y yo pensaba: “¿Pero… si es la misma tarta de queso? ¿Y aún así yo estoy comiendo muy yin y él no? No lo entiendo”. Pero él estaba hablando sobre la forma de comer.  ¿Mastiqué la tarta de queso 100 veces? No, no lo hice, pero él sí. Esa es la diferencia.

El que hayan alimentos nada recomendados en macrobiótica no quiere decir que no los comamos nunca o que nos obsesionemos y les hagamos la cruz como si de vampiros se tratasen. Una dieta macrobiótica es una dieta flexible, donde consumimos alimentos centrales a diario (cereales en grano, legumbres, verduras, semillas, etc.) y hacemos breves incursiones en otros más extremos (pescado, carne, lácteos, dulces, etc.). De esta manera, se respetan varias áreas de nuestra vida al mismo tiempo y se consigue un equilibrio global aún mayor.

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Telomerasa: la ciencia en busca de la longevidad

Estar joven con macrobiotica
¿Contribuye la macrobiótica a estar más joven? ¿Qué dice la ciencia?

En la época universitaria mi hermano y yo volvíamos a casa cada fin de semana y contábamos a nuestros padres los nuevos conocimientos adquiridos. Recuerdo a mi madre responder con frecuencia a nuestros apasionados relatos: “Pero… ¿hay gente que trabaja para demostrar eso?” Esa respuesta surgía cada vez que le contábamos que la ciencia había demostrado algo evidente, por ejemplo, que el ejercicio ayuda a perder peso y aumenta el bienestar. Hoy me arriesgo a volver a oír la misma respuesta de mi madre, pues vamos a ver como la ciencia demuestra que los hábitos de vida influyen en nuestra longevidad.

Recientemente acudí al evento especial que cada año celebra el Hotel  Sha Wellness Clinic, próximo a Altea. El Sha es un hotel pionero que basa su catering exclusivamente en la macrobiótica. El objetivo principal del centro es la recuperación y mantenimiento de la salud de sus clientes.  También están disponibles los servicios de un consultor macrobiótico, clases de cocina y charlas sobre alimentación y salud. La invitada estrella del evento fue María Blasco, científica española reconocida a nivel mundial por sus investigaciones sobre cáncer y envejecimiento, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y poseedora de un gran número de premios que reconocen su labor investigadora. María Blasco nos vino a hablar de su tema principal de investigación: los telómeros y la telomerasa y su relación con el envejecimiento y el cáncer.

¿QUÉ SON LOS TELÓMEROS Y LA TELOMERASA?

En cada una de nuestras células existe material genético, es decir, un paquete de instrucciones que le dice a la célula qué tiene que hacer y en qué momento. La información genética se agrupa en cromosomas (con forma de x) en cuyos extremos existen unas fundas o envoltorios llamados telómeros y que sin ellos se produciría la muerte celular. Cada vez que la célula se divide la longitud de estos telómeros disminuye. Conforme pasan los años nuestros telómeros son más cortos, lo que lleva al envejecimiento.

En 1985 se descubre la telomerasa, una proteína que reconoce los telómeros y es capaz de alargarlos de nuevo. La telomerasa está activa en el período embrionario, de manera que se alargan los telómeros que heredamos de nuestros padres y podemos así empezar nuestra vida de cero. Pero después de nacer, la telomerasa se detiene y a medida que las células se van dividiendo los telómeros se acortan y envejecemos.

La pregunta que se hace la ciencia y que personas como María Blasco intenta responder es si sería posible volver a activar la telomerasa, porque en ese caso se detendría el envejecimiento. Pero esta cuestión no está libre de problema, ya que se ha comprobado que si activásemos la telomerasa también aumentaría el riesgo de cáncer. De hecho, en las células cancerígenas la telomerasa sí que está activada. ¿Cómo activar la telomerasa sin que llegue a producir cáncer? Esa es otra pregunta cuya respuesta nos deparará el futuro.

Para comprender aún mejor qué son los telómeros y la telomerasa puedes ver el siguiente video.

¿QUÉ ACORTA A LOS TELÓMEROS?

Dejemos por el momento el asunto de la activación de la telomerasa en manos de los científicos y centrémonos en la longitud de los telómeros. Sabemos que telómeros más largos indican que el organismo es más joven, y por tanto menor probabilidades de morir a temprana edad y/o tener problemas de salud como por ejemplo accidentes cardiovasculares o enfermedades neurodegenerativas. Entonces, sería lógico preguntar qué es lo que retrasa o aumenta la velocidad a la que se acortan telómeros. María Blasco responde de forma rotunda a esta pregunta:

Sabemos que los hábitos de vida inciden de una manera muy directa en la velocidad a la que se acortan los telómeros. Por ejemplo, el estrés percibido hace acortar los telómeros; incluyendo el estrés que sentimos de pequeños o incluso el estrés sentido por nuestra madre durante el embarazo.

En esta misma línea, Elizabeth Blackburn, la descubridora de los telómeros, en una entrevista para el períodico La Vanguardia, afirma que la dieta, el ejercicio físico y la ausencia de estrés, contribuye a retrasar el ritmo al que se acortan los telómeros.

El programa de Redes de Rtve también hace eco del papel del estrés en el acortamiento de los telómeros (ver video).

Un mismo mensaje aparece de distintas formas. Los estudios científicos sobre la telomerasa corroboran lo que descubrimos a través del estudio de las poblaciones centenarias (hablamos de ello en: Longevidad, consecuencias de una vida macrobiótica) o a través del estudio de los radicales libre (hablamos de ello en: Menos carne y más vida con macrobiótica). Determinados hábitos de vida como una dieta macrobiótica (basada en plantas, sin productos procesados ni refinados, etc.), la práctica de ejercicio físico de forma regular y el tener una mente en calma, libre de estrés y preocupaciones, nos alargan la vida y  nos mantienen alejados de enfermedades cardiovasculares, el cáncer o el alzheimer.

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