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El Zen Macrobiótico

mario y zen macrobiotico
Hace poco leí una nueva edición de El Zen Macrobiótico, de George Ohsawa, un clásico que analizo en este post.

George Ohsawa es considerado por muchos el padre de la macrobiótica. ¿Por qué? Porque fue él quien le puso el nombre, que cogió de un médico alemán, y fue él quien se encargó de recopilar unos contenidos para enseñarlos como “macrobiótica”. Esos contenidos provienen de la antigua sabiduría del pueblo japonés y de la medicina tradicional china.

Ohsawa fue un pionero, un hombre avanzado a su tiempo que promovió la alimentación natural y el ser responsable de la propia salud, pero al mismo tiempo también cometió algunos errores o afirmaciones que, desde mi punto de vista, son descabelladas.

Recientemente se ha publicado una nueva traducción del libro El Zen Macrobiótico, libro que Ohsawa publicó en 1959 y que está vez ha traducido al español Dolors Mussons, estudiante de René Levy en Cuisine et Santé (Saint Gaudens, Francia). La tradución es excelente, nada que ver con la anterior. Desde aquí agradecer la labor a Dolors y quienes han hecho posible la nueva edición.

El libro lo recomiendo a todo aquel que quiera tener un conocimiento más profundo de la macrobiótica y sus orígenes, pero no para quien quiera tener una guía práctica o un texto más adaptado a nuestros tiempos.

Para dar una visión general y lo más completa posible del contenido del libro me dispongo a citar lo bueno y lo malo de sus afirmacones.

LO BUENO

La macrobiótica de Ohsawa, tanto en sus cursos como en sus libros, permitió experimentar salud y bienestar a jóvenes que posteriormente se convertirían en consultores macrobióticos; los cuales mejorarían la práctica y teoría macrobiótica. Ejemplo de ello son las vidas de John Kozinski, Verne Varona, Adelbert Nelissen o Denny Waxman.

Promovió el uso de una alimentación natural para el tratamiento de las enfermedades, enumerando una serie de puntos a seguir (p.60-61), algunos de los cuales son:

  1. No tomes alimentos ni bebidas industriales con azúcar, bebidas enlatadas, alimentos con colorantes químicos, huevos no fertilizados ni conservas.
  2. Sala con sal marina sin refinar y sin enriquecer.
  3. No comas frutas y verduras cultivadas con ayudas de fertilizantes químicos ni tratadas con insecticidas.
  4. No tomes alimentos originarios de regiones alejadas de donde vivas. .
  5. No comas ninguna verdura fuera de la estación.Prefiere los animales salvajes a los tratados con productos químicos.

Animaba a los asistentes a sus charlas o los lectores de sus libros a tomar responsabilidad de su propia salud. Este punto es ahora más patente porque la facilidad que tenemos hoy en día de acceder a la información (libros, charlas, Internet, televisión) no era la que existía en el tiempo de Ohsawa. En este sentido fue un pionero. Hoy en día podemos hacer mucho por nuestra salud sin necesidad de ir al médico. Sabemos por diferentes medios que, por ejemplo, tomar demasiada azúcar, carne roja o pan blanco no es bueno.

Su obra supone un medio a través del cual comparte su experiencia e intenta que otros también obtengan el mismo resultado. Eso le honra.

La macrobiótica que propone Ohsawa en El Zen Macrobiótico funciona en algunos casos, no en todos, y puede ser recomendada para períodos cortos de tiempo, a modo de dieta depurativa, pero nunca como un régimen a largo plazo.

LO MALO

Ohsawa menosprecia la cultura Occidental indenficándola con los hábitos modernos y pasando por alto la sabiduría antigua que, como en Japón, también existe:

Existe en Occidente una medicina popular, al igual que nosotros tenemos la nuestra de 5000 años de antigüedad, pero la vuestra carece de fundamentos filosóficos y lógicos y está cargada de convicciones personales sin el filtro de la “selección natural” tras miles de años de experiencia. (p.171)

El que le funcionase a él no significa que funcionará a todo el mundo, pero en varias ocasiones afirma que su método sirve para todos y casi todo.  Atribuye a la dieta macrobiótica “poderes” que no tiene:

Comprenderás rápidamente que quienes adoptan el régimen macrobiótico están perfectamente inmunizados contra las enfermedades. (p.138)

Y si estos “poderes” no funcionan es porque existe algún “defecto” en quien lo prueba.

Realiza afirmaciones contra toda evidencia y sentido común:

Apoplejía: No la padecerás jamás si sigues un régimen macrobiótico. (p.139)

El cáncer es la enfermedad más Yin y no hay nada tan fácil de curar, al igual que las demás enfermedades, volviendo a la forma más natural de alimentarse, o sea, la nº 7. (p.141)

Puedes comerte los cereales estropeados y descompuestos sin ningún peligro. Si están descompuestos el estómago te lo agradecerá, ya que no necesitará digerirlo (la digestión es una descomposición). Si el arroz está cubierto de moho se absorberá muy fácilmente. (p.169)

Promueve en diferentes puntos del libro la famosa dieta nº7, que es una dieta que consiste en alimentarse de cereales, principalmente arroz integral, y beber lo menos posible. Este tipo de dieta prolongada en el tiempo lleva a importantes deficiencias nutricionales que pueden desencadenar enfermedades. En ocasiones las principales críticas a la macrobiótica se centran en este tipo de dieta, la nº 7, cuya práctica está obsoleta en la macrobiótica moderna.

Aún estando en contra de algunas de las afirmación de Ohsawa, me gusta pensar que inició un movimiento mejorado posteriormente por sus alumnos, al igual que ocurrió con otros movimientos, como el psicoanálisis o el pilates, en psicología y la actividad física. Su inicio ha permitido que hoy en día miles de personas mejoren su salud.

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